Problemática asociada al desempleo




Tras la crisis de las hipotecas subprimela pérdida de trabajo supuso un trauma para muchas familias y para la sociedad en su conjunto. La angustia por la precarización del empleo y la inestabilidad laboral se convirtieron en temas recurrentes en la consulta y en motivos de inicio de muchos tratamientos. Actualmente nos hallamos ante una nueva crisis, esta vez debida al COVID-19,  que también afecta al mercado laboral y que nos hace reflexionar sobre qué puede aportar el psicoanálisis en una época cada vez más marcada por las incertidumbres.
Valor psicológico del empleo
Obreros volviendo a casa, Edvard Munch, 1920
Para hablar de desempleo, cabe reflexionar sobre la importancia del trabajo, más allá de lo estrictamente económico, ya que éste cumple funciones psicológicas y sociales. En las culturas occidentales, la retribución económica confiere seguridad material, es una medida del reconocimiento a la actividad desarrollada y determina la posición social de la persona. 
Más aún, el empleo forma parte de nuestra identidad; junto a nuestro nombre, solemos mencionamos nuestra ocupación como elemento que define quién somos. 

Además, el empleo organiza el uso de nuestro tiempo a lo largo de la mayor parte de nuestra vida. Administramos las horas, días, meses y años según el horario de trabajo, los días hábiles y festivos, los meses laborables y de vacaciones y los años de actividad y de retiro. El empleo también condiciona nuestra relación con los demás a nivel de pareja, familia y sociedad, pues establece roles, sustenta proyectos vitales, determina nuestro estatus social y canaliza gran parte de nuestras metas y aspiraciones de desarrollo. De ahí que la pérdida del empleo sea un hecho de profundo impacto psicológico, aún en casos en que el sustento material esté garantizado a través de otros medios.

El leñador, Edvard Munch, 1913
Tener empleo deviene entonces de enorme valor, y perderlo suele afectarnos a nivel físico, emocional y afectivo. La pérdida del trabajo una de las principales causas de estrés, y puede generar ansiedad, irritabilidad, alteraciones del sueño, de la conducta alimentaria, de la vida sexual, así como producir trastornos psicosomáticos, principalmente cardiovasculares y digestivos. Ello a menudo deriva en el consumo de antidepresivos así como de otras sustancias adictivas. Además, cuando la situación de desempleo se prolonga en el tiempo puede producirse una pérdida de autoestima y del sentimiento de pertenencia social, que conduce a un progresivo aislamiento; en ocasiones la persona acaba por atribuirse la culpa de su situación, lo que determina sentimientos de vergüenza, e instaura un afecto depresivo que puede dar lugar a cuadros de depresión. 
En la actualidad, la angustia ante el desempleo no sólo afecta a quienes de hecho lo padecen, sino a aquellos que, a pesar de estar trabajando temen convertirse en futuros desempleados. El miedo a la pérdida del trabajo puede hacer que el compañero pase a ser visto como un competidor, lo que redunda en una mayor vulnerabilidad y sentimiento de desprotección y aislamiento.
Atardecer en la calle Karl  Johan, Edvard Munch, 1892

La inseguridad tiñe la percepción del futuro, se empobrecen las expectativas y las metas, se pierde el sentido de solidariadad y la propia actividad deja de ser fuente de placer para convertirse en motivo de angustia. El fantasma del desempleo no sólo alcanza al trabajador sino a su núcleo afectivo; la convivencia se resiente debido al clima de inseguridad. En resumen, la pérdida del empleo puede tener efecto de trauma psíquico y determina una serie de emociones, afectos y conductas cuya aparición, grado y superación depende en buena medida de los recursos psicológicos de cada persona. 
Desempleo y vínculos
Perder el trabajo exige un cambio abrupto en el modo de vida y, además, supone una pérdida y un duelo, que no solo afectan al trabdor sino a todo su núcleo afectivo. Las relaciones familiares pueden verse perturbadas: a la incertidumbre se suman cuestiones prácticas que implican restricciones al consumo y que afectan lo cotidiano; la convivencia se ve a menudo alcanzada por las nuevas preocupaciones, la vida sexual puede resentirse, la autoridad ante los hijos puede resultar cuestionada. La dinámica familiar experimenta alteraciones que influirán de diversos modos según la composición de cada núcleo, pero sobre todo, según sean las características de los vínculos y de la comunicación de ese núcleo de afectos.
La actitud de la pareja será decisiva en el modo de enfrentar la situación. Las respuestas pueden ser de lo más variadas: brindará contención afectiva y estímulo o alimentará los sentimientos de culpa socavando la autoestima, sostendrá la figura del cónyuge ante los hijos o avanzará en desmedro de su autoridad, acompañará en la búsqueda de salidas creativas o desalentará todo lo que no sea una re-edición de la actividad anterior. En estas circunstancias, la intervención psicoanalítica no sólo tenderá a evitar el deterioro afectivo, sino a fortalecer el entendimiento en la pareja y la calidad de la relación, al comprender mejor las propias actitudes y las del compañero. 



Lovers, Edvard Munch
Respecto de la relación con los hijos, muchos padres se sienten culpables a la hora de plantear restricciones en los gastos, o simplemente de transmitir la realidad, pues temen causarles preocupaciones, interferir en su rendimiento escolar, provocarles trastornos emocionales. Aquí cabe recordar que en todas las etapas de la vida, existen más posibilidades de lidiar exitosamente con las dificultades conociéndolas que negándolas. En particular, durante la niñez y la adolescencia, los padres sirven de modelo para los hijos, por lo que una situación de dificultad transitoria como es la pérdida del empleo, puede ser una experiencia de aprendizaje que les provea herramientas con que superar trances similares en la adultez. 
Exponer los hechos en términos acordes a cada edad, sin ansiedad ni dramatismo, pedir la colaboración que según cada edad quepa esperar, mostrarse capaz de asumir los cambios o bien de buscar ayuda profesional cuando esto se hace difícil, es ofrecer a los hijos un panorama realista de un mundo cada vez más cambiante en el que ellos también habrán de desenvolverse, a la vez que un modo de transmitirles seguridad.  
En definitiva, si bien la pérdida del empleo es una situación angustiante, en la medida en que afecta el sostén económico y exige un cambio no deseado, puede ser una oportunidad para interrogarse respecto a la vida de pareja y familiar, de entender y comunicarse mejor con el otro, y de transmitir a los hijos que una actitud abierta a la reflexión, al diálogo y al posicionamiento activo frente a los problemas suele ser la vía para salir fortalecido de ellos.
Aporte del Psicoanálisis
El labrador, Edvard Munch, 1916
El tratamiento psicoanalítico ofrece un espacio de escucha donde la persona, desempleada o no, puede hablar libremente e interrogarse acerca de su actitud frente al cambio y las pérdidas, sus intereses, conocimientos y habilidades, sus experiencias pasadas y su deseo. Es también un lugar donde cuestionar la aceptación de viejos esquemas que asignan roles fijos, reducen el valor del ser humano a su productividad económica y culpabilizan el tiempo libre, condicionando las relaciones afectivas y restando flexibilidad a la resolución creativa de los conflictos. Si la persona está en situación de desempleo, el tratamiento acompañará la elaboración de la pérdida, para encarar la búsqueda de un nuevo empleo de manera activa, motivada y creativa.
Si, por el contrario, el desempleo se presenta como amenaza, se tratará de interrogar el miedo, de modo que no reste interés en la propia actividad y no determine la percepción de la realidad del consultante. En suma, la intervención psicoanalítica puede suponer reposicionarse frente al cambio para transformar una situación impuesta desde el exterior en una oportunidad de crecimiento personal. 
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