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Diferencias entre psicoterapias conductuales y psicoanálisis

Una pregunta que habitualmente recibimos los psicoanalistas se refiere a los aspectos que diferencian al psicoanálisis de las psicoterapias conductuales como el cognitivismo.
La pregunta no carece de interés, tanto si proviene de una persona que debe decidir entre un tratamiento u otro, como de un alumno de psicología en proceso de elegir línea teórica (a este último, si opta por el psicoanálisis, la cuestión también le interesará como paciente, ya que el propio análisis es condición ética y de formación de todo analista).

Partiremos de lo que ambas corrientes tienen en común:
 
En su propósito de dar respuesta al sufrimiento humano, todas las escuelas psicológicas necesitan comprender el funcionamiento del psiquismo. Sus observaciones acaban por plasmarse en teorías que hacen a una visión particular del ser humano y que van a dar fundamento a los diversos procedimientos clínicos. Si bien éstos tienen gran importancia práctica, es la filosofía subyacente la que orienta todo el quehacer profesional y determina su ética.

Tanto las psicoterapias como el psicoanálisis se proponen hacer con el malestar psicológico, pero parten de dos concepciones diferentes del ser humano y, por tanto, desembocan en abordajes clínicos muy distintos.

Psicoterapias conductuales

La perspectiva conductual considera que los síntomas derivan de pensamientos distorsionados e irracionales del paciente, respuestas equivocadas que determinan emociones negativas y que pueden modificarse a través de la reeducación.

Su propuesta clínica consiste en identificar los pensamientos irracionales, falsos o incorrectos para reemplazarlos por otros más ajustados a la realidad, sugeridos por el terapeuta.

La psicología, desde esta perspectiva, pertenece a las ciencias naturales; esto supone que el sujeto al que se trata es de naturaleza biológica y, como tal, puede cuantificarse y objetivarse.

Además,  puede ser entrenado y reconducido  a  un estado de bienestar perdido, un bienestar que el terapeuta conoce con independencia del paciente, pues coincide con la "normalidad", o sea, con la adaptación social.

La finalidad del tratamiento, por tanto, será la supresión del síntoma y  el saber estará ubicado fuera del paciente, que parte de un estado de error.

Psicoanálisis

El psicoanálisis plantea una diferencia fundamental, pues considera que el ser humano está radicalmente dividido entre la búsqueda de placer y la búsqueda de sufrimiento, algo que no ocurre por un error del pensamiento sino que, muy por el contrario, es constitutivo y esencial de todo ser humano. Esta división se manifiesta claramente en los síntomas; quién no ha escuchado a su mejor amigo quejarse de tal o cual conducta indeseada de sí, para acto seguido oponerse por completo a la menor sugerencia de cómo cambiarla. Y es que los síntomas son en sí mismos la expresión de esta división a la que todo ser humano está sujeto.

El inconsciente trabaja todo el tiempo en el sentido de revelar esta división esencial, de allí la repetición de la que se quejan los pacientes: "Siempre me pasa lo mismo”, "Nunca consigo tal o cual cosa”. De allí, también, que cuando un tratamiento sólo busca la desaparición de un síntoma, éste se desplaza, es decir, tarde o temprano reaparece, ya sea bajo la misma forma o bajo un aspecto diferente.

El psicoanálisis, por tanto, considera al síntoma como una manifestación legítima, una  manera en que lo más verdadero de un sujeto intenta expresarse; por ello pide al paciente que hable de lo que le ocurre, pues en estos relatos irá descubriendo sus sentidos y asumirá su deseo, único modo de limitar el sufrimiento.

En el curso de un análisis, una vez desvelado su sentido, los síntomas desaparecen, sin embargo éste no es el objetivo final del tratamiento, sino una consecuencia secundaria del trabajo analítico, cuya meta es que el sujeto pueda alcanzar una posición diferente respecto al sufrimiento.

De lo anterior se desprende que el psicoanálisis propone una concepción de lo singular, del caso por caso, según la cual el bienestar ni es general, ni ajustado a una supuesta "normalidad", sino particularísimo de cada sujeto. Por esto los psicoanalistas nos abstenemos de dar indicaciones al paciente respecto a qué debe hacer o qué le conviene y apostamos por la escucha, ya que sólo el paciente puede decir -pues sólo él conoce- aquello que verdaderamente le concierne.

 
 
 
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